O r i l l a
En el paisaje costeño, la desembocadura del río motiva para versear sobre la corriente llamada Niña y el viento montañero Terral. El asunto es divagar con la llegada del invierno ...

Diaguitas puente artesanal frente a La Placilla en 2011. JMP
Orilla José Manuel Pizarro
El terral andino, marinero de agua dulce, aventura cumbre para temporada promisoria en la orilla marismeña. Cuando la hojarasca narrativa luce tan desgranada como arena de playa litoraleña. Donde la niña fría y el terral caluroso motivan cierto lirismo ingenuo e imaginativo para aventurar en las ventajas del vivir en paz. Un bote de vela blanca …
El terral es aire de poncho roto.
Con la narrativa regional a cuestas, el Terral ingenuo se hace a la mar. Es verseador y piropero. Invisible en la bonanza y rojo en la tormenta. Sanguíneo. Así, con traza de naúfrago – la gente montañesa sólo sabe a río – imita al turista amigo. ¡ Claro, aquél que se decabeza con piqueros espectaculares en las fontanas del valle !, recuerda el anfitrión de cabañas rezagadas. El soplador afiebrado quiere nadar no lejos de la desembocadura del río. Cuesta alivianarse de la carga recargada que atrapa con sus sentencias – grecas – reiteradas. Poco antes de llegar al borde costero, alguien canta : “ Desde la ladera agreste / del montañar florido ; / baja el viento del este / un tanto compungido.” Abren obturador.
El terral es aire de poncho roto.
La picada y contrapicada – con postal vista desde arriba – evidencia la cresta de una ola milenaria sobre el pedregal marismeño. Hoyos y más hoyos a modo de la espuma reticente. Tal vez las cámaras de cajón que fomentaran la fotografía rural hayan mostrado otra imagen más estimulante. La erosión y la explotación de áridos acotan el largo de los ríos : “ Ya no hay claridad / en valle de polvareda ; / el soplo es orfandad / entre el m ar y la vereda. / Hay gotas de tormenta / en las tazas rituales ; / hay amor y afrenta / en horas invernales.” Cualquier día el desparramo de agua será grande, vaticinan en mala hora. Tal como las dueñas que exigen canalas limpias, la ribera pide otro tanto. Pero …
El terral es aire de poncho roto.
Aunque la meteorología ponga en guardia con los cambios climáticos y las consecuencias en el aprovisionamiento adecuado y oportuno para la vida afectada, el Terral de los poetas olvidados cobra actualidad : “ El viento baja a la mar / terraleando en otra orilla ; / él, ya aprende a nadar / navegando con la Niña.”, remata el estrofalario. No sólo de Paz ( perdón, p a n ) vive y gasta cuanto tiene el hombre. En temporadas de invierno, la Niña ( que no es tan niña y ya hablan de ella en los años precolombinos ) concilia bonanzas con tan buen intermediario : el viento, curador invisible con historia. ¡ Vale ! El terral andino, marinero de agua dulce, aventura cumbre para temporada promisoria en la orilla marismeña.
