P r e s e n t a c i ó n
En el artículo anterior anunciábamos la presentación de libro. He aquí la parte escrita sobre tal actividad. ¡ Ah, la postal de la plaza aldeana muestra al grupo escultórico - fuente española - con dos niños diaguitas de los tiempos de antaño ! Pacienecia ...

Presentación José Manuel Pizarro
Obra : Crónicas de Diaguitas
Autor : Miguel Mahuad Figueroa
Año : 2006
Edición : Artesanal.
Ejemplares : 150.
Formato : Libro de bolsillo.
Páginas : 222
Inscripción : N° 157592/12/9/06.
Presentador : José Manuel Pizarro
Lugar : Diaguitas / Club Social.
Fecha : s. 16/12/06.
Hora : 20.30.
Autoridades e invitados a esta presentación. Amistades y vecindario de la comunidad diaguitana. Señoras y señores :
La mirada atenta repara en los detalles. En el libro “Crónicas de Diaguitas” de Miguel Mahuad Figueroa, investigador que hoy bautiza su trabajo, cada página luce el detallado con mucho afecto y veracidad. Así lo sugiere la cultura diaguita.
Sin embargo, con exigencias mayores y licencias menores en la lectura, la mirada va descifrando letras, sílabas y palabras. Aunque la gramática – Kakan - de los diaguitas aún permanece en las oscuridades de algún arcón olvidado, la herencia del español que sigue viva en los rituales de la comunicación actual, se hace tertulia para esta edición hecha a pulso. Es fiesta para el recuerdo con afanes solidarios.
Y, esta fiesta, además, acompaña otra tarea que es una invocación al asombro confundido entre tanta tecnología. Es acento de página que huele tal como el papel en que los vecinos del ayer solían envolver aquel paquete de azúcar o el otro con yerba mate u otras mercaderías para la subsistencia familiar. Es, un poco, la anécdota y la foto más privada que nos regalan otros tiempos y otros seres.
Ahora, con ojo de librero, otra cosa es la composición y diagramación tipográfica en esta obra. Es familia reconocible en los medios de impresión y con las ventajas que sus variaciones son de manejo fácil. En esta obra se puede comprobar la belleza de la palabra bien dicha y mejor diagramada. Un buen trabajo que supera lo artesanal.
Pero, insistimos, no es la hoja impresa en sí la que , definitivamente, nos hace o nos haría pestañear. Es el dejo de bondad que trasunta cada párrafo, la raspadura de pasado que, a veces, se suele enjuagar con esa lágrima de vecindad ausente.
Es el pasado, el hato de pretéritos que cargamos en nuestra más íntima realidad. ¿ Quién, en estos días de competitividad abierta, no inquiere saber más de aquéllos que vivieron con tan poco he hicieron tanto por sus vidas y la comunidad ? Los diaguitas, por ejemplo, los precolombinos. Recordamos, según la información, que eran sanos de cuerpo y espíritu.
Luego, el rescate bibliográfico aporta nombres de pueblos tales como Antofagasta, Chalinga. Apellidos Campillay, Chinga, por decir algo. Se alude, brevemente al nombre de plantas en que aún ubicamos al chañar y la gualtata.
Aún las páginas no salen del comienzo de la obra y no podemos dejar pasar el testimonio siguiente : “ Primeros habitantes de Diaguitas. Con la conquista al valle por don Francisco de Aguirre, empiezan a asentarse en la localidad las primeras familias españolas. La existencia del pueblo de Diaguitas, según datos antiguos, se conoce desde el año 1592 siendo un fundo perteneciente al Capitán General de Chile López Ulloa y Lemus. Este fundo era parte de los terrenos que conformarían después las comunidades de Uchumí, Diaguitas y Peralillo.”
Antes de mencionar , por lo menos los titulares de episodios rescatados por el autor de la obra, vale la pena fijar un par de líneas : “Siguiendo con la conquista española, en 1584 llega a Chile Diego de Rojas, natural de Madrid (.. ) Con los siglos posteriores, el apellido de los descendientes figura como Rojas. Actualmente vive en la localidad una descendiente : la Señora Perla Rojas y su hija Roxana Cornejo Rojas y familia. “
De aquí adelanta, la pluma de nuestro flamante escritor don Miguel Mahuad Figueroa se hace contemporánea en sus apuntes : la vida religiosa con fundaciones de iglesias y romerías ; la vida civica- militar incluyendo el escondite pintoresco de Oño Trigo para evitar su alistamiento en la revolución de 1891. El Sanatorio de Diaguitas y su devenir en Escuela Granja y , ahora, la Escuela de Educación Básica que recuerda al educador Juan Torres Martínez no va adentrando en el recuerdo asociado al tren y los adelantos comunes y privados.
El primer auto con don Pedro Rivera y de pasadita otros autos de lugares vecinos. Don Petito en Peralillo, Bravo y otros en Vicuña. La Fundación del Club Social y el recuerdo de sus socios encabezado por la figura de Alberto Galán. El motor con sus electricistas tal como Francisco Bravo y Pablo Olivares, entre otros. La ingeniosidad en la Fiestas con reinas en todos los tiempos y el mucho sacrificio para conseguir la llegada de servicios vitales como agua y luz eléctrica..
Preguntamos a Michelo, el autor, sobre el pie de foto. Cabe destacar que el libro cuenta con imágenes exclusivas que fueron generosamente facilitadas para este trabajo de investigación. La respuesta es breve y comprensiva. La mayoría de las fotos son cedidas por amigos o descendientes de los protagonistas.
La toponimia diaguita tiene páginas preferntes para el lector que indaga sobre la cultura aborigen que ha ido frorjando a la gente ribereña. Uchumí, Pullayes y Andacollito van surgiendo con sus primeros o actuales pobladores. Los cambios en el poder de la tierra. Provoca más de alguna pena la confiabilidad de la gente que no hace el trámite legal y sólo recibe compensación por el trabajo realizado. La generosidad, por otro lado, para ceder espacio a la institución deportiva, por ejemplo.
Antes de entrar a la tierra con diaguitas actuales que en el ibro aparecen como Los Primeros Hippies, el autor nos fija el retrato físico y moral de el personaje que llega al corazón del lector : “Don Miguelito. Era el diminutivo con que los vecinos de esos años distinguían a un sencillo habitante del pueblo que habiendo llegado en tren acompañado de su guitarra a estudiar a la Escuela Granja, entusiasmado por la carta respuesta enviada por aquel entonces profesor Don Luis Vásquez B. se integra a dicho colegio con la ilusión que siempre soñaba de vivir en el campo ya que provenía de Coquimbo.”
Con un par de carillas, Mahuad, hijo, nos revela las sigularidades de su padre quién se hizo el más diaguita de los diaguitas por su amor a la naturaleza, la búsqueda de la verdad y el trabajo compartido. Por estas razones, prevalentes en su familia, la generación de los diaguitas actuales que no ceden por nada su ladera de La Esperanza , contaron con Don Miguel Mahuad, padre, para iniciar otra vida en la capital cultural del valle elquino.
En la página 154, en imagen “apaisada” o rectangular, el ojo de la cámara nos regala la imagen que podría confundir los mundos del ayer y hoy. La joven sentada en la ribera y al fondo la fuerza telúrica de los cerros Mamalluca y Porongo. La calma de la humana dicha ante la potencial fuerza de la cordillera diaguitana.

La joven sentada en la ribera...
El lector tal como los semiólogos actuales buscará otros sentidos a las historias breves , por ejemplo, citamos al autor :” En mil novecientos setenta llegan los primeros hippies a Diaguitas, frente a la estación de ferrocarriles, era una pareja formada por Francisco y Blanca. Allí nacieron sus hijos, que ellos mismos lo atendían por ser muy apegados a la naturaleza, los niños se llamaban Vida y Pastor Silvestre, los que jugaban en medio de la vegetación y los alacranes”.
Aquí, sólo adelantamos algo del trabajo acucioso del autor. Es la obra que asienta las bases de la cultura de los diaguitas actuales. Todos desde afuera y desde adentro, todos bajo el sol de los mayas, la mamayuca de los incas y el río sagrado de los diaguitas. Habrá que atender a las sugerencias de Miguel Mahuad Figueroa en sus afanes de progreso para el pueblo de sus ancestros amigos y familiares.
Allá, arriba, en lo alto, El Porongo atisba a los viajeros y colonizadores del futuro con sus reservas de agua, minerales y leyendas legendarias. Hay que cuidar el entorno. Alerta ante el futuro y respeto por el pasado. Sin embargo, las acciones de convivencia compartiendo el pan y el vino de la amistad sostendrán la herencia aborigen y universal para el pueblo diaguita actual. Ya el libro “ Crónicas de Diaguitas” abre su páginas para motivar a las generaciones de ayer, hoy y mañana.
¡ Gracias !
José Manuel Pizarro
Diaguitas, sábado 16 Diciembre 2006.
