La estrella de Pascual
He aquí el rescate de un relato ligado a la Navidad en otros tiempos. Al finalizar este año de colaboraciones se pide perdón por la temeridad. Se agradece, además, a lacoctelera.com y a quiénes leen estas líneas. Pascualito se basa en un hecho real por estas tierras al sur del mundo ...

- No, no hay trato.
La estrella de Pascual josé manuel pizarro
El niño moreno, muy alegre y ágil cogió el pedruzco refulgente y observó el techo celeste de la cadena de cerros conocida como Las Tres Puntas. ¡ Un milagro ! Ahora – pensaba el pequeño pastorcillo – arreglaremos el pesebre y en vez de una estrella de cartón … vamos a poner este regalo.
Un regalo que brindaba la naturaleza al niño bueno, cariñoso y servicial que ayudaba a sus padres ancianos en el cuidado de una majada reducida y tradicional. Él era el niño hombre de la casa.
La Navidad aún tenía vigencia cuando un conocido personaje del poblado apareció entre los ñipales con un enorme saco blanco. Sonreía, sonreía, sonreía observándolo todo. No, no había un árbol mutilado como en otras casas aledañas. Todo era auténtico para la imaginación de los viejos y el niño-hombre de la casa. La paja dorada prodigaba sus hileras de trigo maduro y las figuras de arcilla representaban a los pastores de esos contornos – eso sí – montado en curiosos animalitos. Las manos artesanas de los padres de Pascual fueron artífices en modelar las figuritas de greda para un auténtico nacimiento criollo. Y el niño completó la escena transformando a su piedra veteada en una singular estrella de Belén.
- ¡ Esta es plata pura ! - dijo alborozado el hombre del saco blanco.- esta muestra vale no sé cuanto … ¡ Plata pura, pura plata, plata, plata … !
El niño acongojado, triste y desconfiado miró al grupo que manoseaba a su estrella labrada y no pudo soportar al ver a sus padres exaltados ante las miles de posibilidades que otorgaría la explotación de una mina de plata en el reventón de cerros de Las Tres Puntas.
El asedio confabulado duró muchos años y Pascualito nunca cedió ante las ofertas de mineros y comerciantes. La mina era un regalo de Pascua y él la trabajaría cuando fuera grande, se casara y tuviera hijos a quién dejarles esa herencia fabulosa de plata nativa. No, no era ambicioso.
Los auténticos pastores siguen el curso de las estrellas. El amor por una serrana no tardó en llegar y cuando los víveres empezaron a menudear y las fuerzas también … el hombre-hombre se acordó del hallazgo argentino y empezó a buscar, buscar, buscar el sitio donde encontrara a su Estrella de Belén. No tardó mucho. Cortó un trozo a cincel y cubrió la veta con tres piedras enormes. Observó el panorama y calculó la distancia que había entre una mata de olivillo, una trampa para zorros y por último acogió como referencia : “la punta del corral de los aguaínos”.
Pascual, un hombre auténtico de la tierra serrana del norte chileno, nunca tuvo ambiciones. Siempre se conformaba con poco y de lo poco casi nada. Altivo, alegre y sentencioso. Era de una sola palabra : Sí, sí. No, no. En el fondo guardaba su secreto de la veta de plata. Él era un hombre pobre y ése era su dilema, que guardaba desde niño, cuando decubrieron que su estrella era de plata. No, no … tendría que buscar a un socio con capital y después … ¡ Uf ! Otra cosa sería venderla. Sí, sí. ¡ Vamos a venderla a don Hilarión que hace tantos años … de la época del nacimiento … desde cuando vivían los viejitos sigue porfiando que es una mina de plata.
El trato de hombre a hombre se había resuelto y Pascualito ya endilgaba a su borriquillo hacia Las Minillas cuando escuchó la conocida voz del acaudalado que ya le había ofertado un par de potreros, plata contante y sonante y hasta una pequeña casa. Un trato de palabra.
- ¡ Oye Pascualito – dijo don Hilarión mostrando el pesado trozo de metal -, ¡ no vaya a ser plomo esta cuestión hom. !
Una frenada brutal detuvo al borriquillo y el hombre serrano al rojo vivo dio vuelta a su medio cuerpo y luego de mirar fijamente al aún sorprendido y sonriente comprador …
- ¡ No, dijo secamenmte, no hay trato!
- ¡ Es sólo una broma Pascualito – repetía angustiado el otrora hombre alegre del saco blanco -, es una broma, una … !
Los senderos que se bifurcan entre la serranía norteña alejaron para siempre a Pascualito de aquel poblado con nombre de labriego.
La tradición se ha empeñado en señalar que el alegre vecino – que perdió una fortuna por una broma – remiraba sus espuelas de plata y repetía inconscientemente : Sólo era una broma, una broma hombre.
La cola fabulosa de la estrella de Belén que encontrara el niño Pascualito aún sigue escondida como la veta de plata más buscada por los aledaños de los cerros Mamayuca, Las Minillas y El Peral.
Pascualito olvidó su estrella. Necesitaba tan poco y de ese poco casi nada, para vivir altivo, sano y honrado en su pesebre de luz.
(Del libro "Terraleando" )
