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La Coctelera

T E R R A L

Viento andíbero entre diaguitas actuales.

15 Enero 2009

M i g a j a s

Desde hace un par de años, los pájaros del campo llegan a la ciudad.Aunque, ya otros han nacido entre postes eléctricos y uno que otro árbol frondoso. El zorzal brevero, tal como lo indica su nombre, canta al fruto de la higuera. En el verano y otoño tenía brevas e higos en otros tiempos. Hoy, huye de los valles...

 

 

Migajas

El verano candente, pan tostado, aporta migas oportunas para convidados alados en las veredas regionales. Cuando el muro vecinal sirve de tambo diaguita entre la pajarería insólita que despierta amaneceres. Donde el trueque natural o pago por favor concedido deriva en gorjeos, trinos y algún canto lejano de cisnes olvidados. Canta, canta pajarito…

 

La miga es nota de masa sonora.

 

Poco acostumbrado al pan duro, el invitado abre tamaños ojos y disimula el atragantamiento insólito. Unos pasitos por aquí y otros por allá sirven para salir del embrollo. El sol cala los huesos desde lo alto. Mediodía en la costa y cientos de turistas en las playas. Es la segunda quincena de enero en el hemisferio sur mostrando la atmósfera calida en contraste con su homólogo del norte. Desde el muro amistoso en el vecindario, el atragantamigas no necesita presentación. Tiene polerón a rayas y calzón corto sin logotipos importados. Luce estampa al natural con los colores del tiempo: azulejo por el mar, gris por los neblinales y ocre por el desierto atacameño. Hum, la tenida habitual para salir del campo a la ciudad aunque se diga no al casorio y al vuelo fuera del nido. Cruje la masa.

 

La miga es nota de masa sonora.

 

Tal como un nido gigante cubierto por la arena milenaria, el desierto atacameño corre en las pantallas de la televisión, portada de diarios y otros medios de comunicación. Y no es para menos, la base cultural perdida de Limuria o - tal vez- la lejanía de otro Pacha Pulai cobran proximidad. Aquí y ahora. Ya no es la anécdota lúcida del conductor que detiene su máquina ante lo inexplicable traducido en luces fantasmagóricas o la desconocida que “acompaña un buen trecho y luego desaparece sin prometer nada”,según el amigo que suele frecuentar al desierto actual sin añañucas y cebollines. Hombres y máquinas, tal como diría Ernesto Sábato, pasan raudos. Alguien de negro se asoma a los caminos. Pero…

 

La miga es nota de masa sonora.

 

Habíamos quedado con la presentación de un convidado veraniego a disfrutar del buen pan. ¡Claro, pan duro, migajas! –(Peso ahorrado, peso ganado, previenen). Pan compartido, sobrevivencia asegurada. Tal es el caso del hábito vecinal observado en que las migas de pan son reservadas a cierto personaje que llega muy de mañana anunciando la alegría de vivir y se aleja con el crepúsculo entre trinares o silbidos. Mientras se disipa la polvareda y el dolor en el desierto, el zorzal brevero sólo hace las pausas oportunas. Ya muy poco se sabe de los cisnes del lago Budi. A falta de brevas… buenas son las migajas. ¡Gracias! El verano candente, pan tostado, aporta migas oportunas para convidados alados en las veredas regionales.

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Sobre mí

José Manuel Pizarro, con la prosa lírica vinculada al terruño.
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