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La Coctelera

T E R R A L

Viento andíbero en la región de los valles.

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16 Mayo 2009

C u c a r a c h o

  Cuando los caminos eran estrechos por falta de automóviles, el caballo era el rey de los senderos. No faltaba la parranda...                   

 

 Jinete y caballo en los años cuarenta.

 

 

Cucaracho       José Manuel Pizarro

El cucaracho huertero, parrandero y burlador, presta estampa para evocaciones callejeras en la lonja ribereña. Cuando la remirada a la postal de antaño retrotrae imágenes del rancherío diaguita en los años de sol y lluvias. Donde los huerteros del ayer nada sabían del paso de La Niña y las posibilidades de atrapar otras energías. Y el verano caliente...

 

 El cucaracho es caballo de la noche.

 

 El caballo negro, amigo y cómplice en parrandas infinitas, evidencia vitalidad y compostura. Firme. Enhiesto, aunque nadie tira de las riendas, posa para la historia pueblerina. No, no es fácil (aunque sea con entendimiento equino) orientar las orejas, clavar la mirada y afirmarse, en las cuatro patas, para fijar la imagen de galopero travieso. Sí, los lugareños de los años treinta, recuerdan ya en el verano de tercer milenio, las gracias de tan vilipendiado mampato. Hay acierto del fotógrafo ambulante que enfocara su objetivo por el callejón con pircas y ruca piramidal , a modo de rancho, para obtener esta primicia  que permite recrear el instante con máquina minutera. Traen plancha negativa.

 

  El cucaracho es caballo de la noche.

 

  Con la consabida plancha, antes vidrio y luego de papel adecuado para resistir  líquidos reveladores y fijadores en espacio mínimo, el negro ocupa el lugar del blanco y los matices parecen entradas de neblinas en la montaña elquina. No, no hay color (Aunque, el otoño parece pronunciarse con los toques amarillos y sepias como resultados del paso del tiempo). Cucaracho, aquí y ahora, presta su imagen para la narrativa diaguita actual. Mire: Las pezuñas lucen como esos copaos y la tusa como espinas atenuadas por la fuerza ventolera; ojos escrutadores tal como avanzada de observatorios astronómicos y pelaje negro como la noche sin estrellas. Además, cola de remolino terralero. ¿Cautelado? Pero...

 

  El cucaracho es caballo de la noche.

 

  En el caso de Cucaracho no hubo diferencias que lamentar en el trato de amo a siervo. El Huacho José o el afamado "bailón" que aparece en el librito "Cancionero Diaguita" dejaba las riendas sueltas y el mampato se dirigía a la parranda: "Cuando llegaba José bailón / se juntaba el pueblo entero. / Y empezaba a zapatear /  hasta dejar el agujero (...) Aguardiente bajo el poncho ("ese trago endemoniado") / p'a chuparse los bigotes / y bailar enamorado. / Ya la niña que te acompaña / se le afloja el polizón... / el zorrito se enrosca al cuello / y se está cayendo el...tacón". Milagro de minutera. ¡Epa! El cucaracho huertero, parrandero y burlador, presta estampa para evocaciones callejeras en la lonja ribereña.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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José Manuel Pizarro (TERRAL), motiva sus trabajos en base a la expresión oral y escrita que podría caracterizar a un lenguaje actual de los diaguitas.
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