I n v e r n a l
Invernal José Manuel Pizarro
El cancionero popular, voz del alma, recupera reflexiones para recreadores culturales en la vereda andina. Cuando la cerrería pauteaba ceremoniales diaguitas con claves de sol y otras escalas. Donde la tierra de los zorzales y de los rojos copihues solía recrear historias reencantadas por personajes guitarreros del invierno. Sólo por mirarla...
El canto es eco de voz eterna.
Junto con las primeras lluvias, la helada viene para quedarse. Y, todo lo contrario a sus congéneres, asoma tan fría y misteriosa como la muerte. ¿¡!? Aunque, para los poetas irreverentes de Elqui no es más que la novia del Terral. Triángulo amoroso entre terrales, puelches y zondas para conquistar a la prueba de blancura. (La escarcha viene congelada; el Terral, caluroso). Es julio -invierno- en la región de los valles y los 38 milímetros de agua en Punitaqui y otros tantos en sus aledaños ya inspiran los primeros versos: "Amaneció la escarcha / flaca y transparente. / Amaneció la Helada, / osada y renuente. / Es vida y es muerte... / todo y nada / solamente". Traen picarones.
El canto es eco de voz eterna.
Aunque el rescoldo terralero de la cordillera de las mamallucas y los porongos sugieran prudencia, el arte diaguita no ha muerto. Con los primeros goterones, especialmente en la precordillera, surgen los preparativos para aguardar la lluvia, nevazón o la escarcha inspiradora. El zapallo aborigen y la miel conforman los primeros pasos que traen hasta los actuales picarones. ("Siete picarones por mil pesos, por favor golpee en la esquina" anuncian en cartel poblacional que bambolea con la ventisca costeña). Hum. Las sopaipillas con chancaca sustituyen a las churrascas diaguitas que en alguna época aborigen se amasaron con harina de algarrobas, recuerdan. Pero...
El canto es eco de voz eterna.
Habíamos quedado con el cancionero popular a lo largo de la vereda andina. En cada canción hay una historia. En el norte, los empampados; aventureros por el centro y los reencantados, por el sur. En la memoria de los actuales niños envejecidos, la historia de la pobre loca (abandona el campo para trabajar en la ciudad) aún conmueve. Otra: "¡Manuel mío, Manuel mío, no me mates, soy tu madre, ten piedad!"- se recuerda con el drama del equívoco en "Corazón de bandido". Afortunadamente, Chilote Campos con "Escarcha", revindica al protagonista con un final feliz. ¡¡Vale!! El cancionero popular, voz del alma, recupera reflexiones para recreadores culturales en la vereda andina.
