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Viento andíbero en la región de los valles.

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21 Septiembre 2010

C u c a r r o

 El trompo cucarro tiene la pua torcida y sirve para jugar a la troya...

 

 

 

Cucarro      José Manuel Pizarro

 La trompería  aldeana, capa de siete colores, prodiga nostalgias para los niños jugadores con trompos de madera nativa en la lonja ribereña. Cuando aún no abundaban los juguetes electrónicos en el  mundo infantil de los inviernos de nunca acabar. Donde la pericia de los amigos y famiiares mostraba el arte de elaborar piezas únicas con maderas de chañar, churque y guayacanes, entre otros. Trompo de siete colores.. 

      El trompo es vértigo de cucarro. 

    En la familia de los juguetes infantiles, el trompo suele competir con el volantín. ¡Claro, el vuelo del regordete es corto y preciso! Hummm. Tal como en la guerrilla de la mocería poblacional: suelen llegar sin aviso. Ataque por sorpresa, decía el último ganador en la Troya o cementerio de trompos afectados por una especie de viruela. Así, desde la antigüedad - el poeta Virgilio, autor de "Eneida", confiesa haber preferido, en parte, el juego de las tromperías por sus estudios regulares. Pequeñito, el trompo de los estrategas llega tal como un caballo brioso a la medialuna troyana. No, no puede compararse con la cometa de todas las épocas. Aunque ambos son guiados y sostenidos por una cuerda; anuncian novedades. 

  El trompo es vértigo de cucarro. 

  Hubo un tiempo, antes de la llegada de los juguetes electrónicas, en que la artesanía de los amigos y familiares en la edad del juego preparaban los juguetes con madera endurecida: Algarrobos, chañares, guayacanes y otros. Aunque, los niños tranquilos no tenían interés en atacar a los vencidos en la Troya heredada, optaban por la defensa a través de la coraza o corteza de sus árboles criollos. No, nada con los álamos y las higueras del huerto. - ¡Caballito indio criado con raíz de camarote!- así, tal como solía decir don Máximo Pinto arreando su piño de toritos engreídos. La aldea diaguita, en la década del cuarenta, contaba con artesanos para los cajones fruteros y los cucarros con madera bruta. Pero... 

  El trompo es vértigo de cucarro. 

  Las piezas únicas en la juguetería de la infancia terraleña quedó por los techos de totora o incentivó la fogata con imágenes milenarias. Mientras el cometa zandungueaba por el aire, el gordiflón de chañar rústico echaba por tierra a toda la elite de taguas y  trompos con cierta fama. Las niñas de la época sólo miraban desde algún rincón con sus muñecas de trapo. El hermano mayor o algún diestro infundía respeto. Tal como en el dicho:"Donde pone el ojo pone la bala"; el trompo salía disparado contra los "seditas" que solían dormirse en la troya. ¿Juegan los cucarros?  ¡Hum!  La trompería aldeana, capa de siete colores, prodiga nostalgias para los niños jugadores con trompos de madera nativa en la lonja ribereña.

 

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José Manuel Pizarro (TERRAL), motiva sus trabajos en base a la expresión oral y escrita que podría caracterizar a un lenguaje actual de los diaguitas.
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